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La Guajira: Zona de Sacrifi cio y la Lucha Contra la Descomposición Cultural del Pueblo Wayuu
Por un Corresponsal Anónimo en La Guajira
Introducción: La Dialéctica del Despojo en el Capitalismo Periférico
El territorio ancestral del pueblo Wayuu, en la península de La Guajira, constituye un caso paradigmático para un análisis marxista contemporáneo. Aquí, los procesos clásicos descritos por Marx —la acumulación originaria, la mercantilización de la naturaleza y la conversión de todas las relaciones sociales en relaciones de intercambio— se despliegan con una crudeza extrema. Lo que presenciamos no es solo una explotación económica, sino un proceso sistemático de descomposición cultural, donde agentes externos como la megaminería transnacional, el contrabando, el narcotráfi co y la violencia paramilitar actúan como vectores de un capitalismo depredador. El objetivo fi nal es la desarticulación de un pueblo que, durante siglos, ha mantenido una feroz autonomía, para convertir su territorio en una “zona de sacrifi cio” funcional a los intereses del capital global.
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I. El Cerrejón: La Acumulación por Desposesión en su Forma más Pura
La mina de carbón El Cerrejón, propiedad de la transnacional suiza Glencore, opera como el eje central de un nuevo ciclo colonial. Su lógica es la de la acumulación por desposesión, un concepto que explica cómo el capital, agotadas otras vías, genera ganancias mediante el despojo violento de bienes comunes.
· Despojo Material y Espiritual del Agua: En una de las regiones más áridas del continente, la mina consume cerca de 30 millones de litros de agua al día, el 40% del agua disponible. El desvío del arroyo Bruno no es solo un crimen ambiental; es un ataque ontológico. Para los Wayuu, los ríos son entidades sagradas, morada de deidades. La desviación del cauce corta el vínculo espiritual, impidiendo rituales de sanación y pagamento que se realizan a través de los sueños en conexión con el agua. La naturaleza, reducida a mercancía y obstáculo técnico, es arrancada de su matriz cultural.
· Salud como Externalidad Negativa: La contaminación del aire por polvillo de carbón y metales pesados ha generado una crisis de salud pública, con enfermedades respiratorias y cutáneas crónicas en la población. La fuerza de trabajo y la vida misma son tratadas como costos prescindibles.
· El Estado como Comisionado del Capital: El proceso del Cerrejón ejemplifi ca la “captura del Estado”. A pesar de una docena de fallos judiciales favorables a las comunidades, la mina opera con impunidad. Cuando la Corte Constitucional falló en su contra en 2017, Glencore respondió demandando al Estado colombiano ante tribunales de arbitraje internacional, un mecanismo que subordina la soberanía nacional y los derechos humanos a la protección de las ganancias. El Estado, lejos de ser un árbitro neutral, se alinea con el capital transnacional.
II. Frontera, Violencia y la Economía Ilegal: La Mercantilización de la Vida Social
La condición binacional del pueblo Wayuu, cuyo territorio ancestral fue cortado por la frontera entre Colombia y Venezuela, ha sido convertida en una vulnerabilidad explotada por economías ilegales.
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· La Frontera como Espacio de Excepción: La negación práctica de la binacionalidad por parte de ambos Estados deja a los Wayuu en un limbo jurídico. Quienes cruzan desde Venezuela son tratados como “migrantes irregulares”, sin acceso a salud, educación o documentación. Esta precarización extrema los convierte en población hipervulnerable.
· Semillero para la Economía Criminal: Esta desposesión estructural crea el caldo de cultivo perfecto para las economías ilegales. Reportes alertan sobre el reclutamiento de indígenas en situación de pobreza para negocios ilícitos y redes de trata. El contrabando de gasolina y alimentos, históricamente una estrategia de autonomía, es ahora copado y violentado por grupos armados que disputan rutas. La reciente incursión violenta en la comunidad de Cusinajain, donde un grupo armado quemó viviendas, reclutó a un menor y ejerció violencia contra mujeres, muestra cómo el territorio se ha militarizado. La violencia se convierte en el medio de regulación principal de estos mercados fronterizos.
· Alienación y Descomposición del Tejido Social: El narcotráfi co y la economía criminal introducen una lógica ajena y corruptora: la del dinero rápido y la violencia como poder. Esto erosiona las autoridades tradicionales, los lazos de solidaridad clanal y las economías propias, generando una profunda alienación cultural. La droga, como mercancía que destruye al consumidor, completa el ciclo de la autodestrucción inducida.
III. La Descomposición Cultural: Síntesis de la Agresión Capitalista
La conjunción de estos factores no produce solo pobreza, sino una crisis civilizatoria.
· Erosión de la Autonomía: El pueblo Wayuu se caracterizó históricamente por prácticas de autonomía basadas en su organización social, comercio y defensa armada. Hoy, el Estado interviene con asistencialismo que crea dependencia, mientras que los actores armados y las empresas imponen su ley. La autonomía política y económica se ve asfi xiada.
· Ataque a la Reproducción Social y Biológica: El ataque es especialmente brutal contra las mujeres, pilares de la reproducción cultural Wayuu. Enfrentan violencia obstétrica, cesáreas forzadas sin consideración cultural y la carga de sostener la familia en medio del colapso. La imposibilidad de realizar rituales ligados al agua y a la tierra afecta la transmisión del conocimiento espiritual a las nuevas generaciones. Se socava la capacidad misma del pueblo para regenerarse.
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· Racismo Estructural y Zona de Sacrifi cio: Esta destrucción es posible por un racismo estructural que permite que unas vidas y culturas sean consideradas prescindibles. La Guajira es tratada como un sacrifi cio aceptable para el “desarrollo” y la “seguridad energética” de Europa (como lo demuestra la demanda alemana de carbón tras la guerra en Ucrania). La lucha Wayuu, por tanto, no es solo por recursos, sino por el derecho a existir como pueblo diferenciado.
Conclusión: La Resistencia como Praxis Anticapitalista
Frente a esta ofensiva multidimensional, la resistencia del pueblo Wayuu adquiere un carácter profundamente anticapitalista. No es una lucha nostálgica, sino la defensa concreta de un modo de vida no mercantilizado, donde la naturaleza es sujeto y no objeto, y las relaciones sociales no están mediadas exclusivamente por el dinero. Su exigencia de consulta previa, la defensa del arroyo Bruno, y la demanda de reconocimiento binacional son batallas en una guerra mayor: la que busca detener la máquina de despojo y descomposición que avanza bajo el nombre de progreso. En esta lucha, su victoria o derrota será un termómetro para la humanidad toda.

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  • Linda Gareth
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